Aquellos que están iluminados nunca paran de forjarse a sí mismos. Las realizaciones de tales maestros no pueden ser expresadas acertadamente con palabras o teorías. Las acciones más perfectas replican los patrones encontrados en la naturaleza.

O’Sensei Morihei Ueshiba ( El Arte de la Paz)

 

¿Qué es AIKIDO?

AIKIDO es un arte marcial, arte de combate de origen japonés, que permite que nos defendamos con nuestras manos de uno o varios adversarios, armados o no.

Esto no significa la preparación de un hombre para enfrentarlo a otro, porque está basado en el amor hacia el hombre y hacia la naturaleza, por eso el AIKIDO no acepta la competición y rechaza todo lo que implique violencia y destrucción del ser humano.

Este principio de “no violencia”, base mental de esta actividad, consiste en vivir esmerándose por comprender todo lo que a nuestro alrededor son las manifestaciones de la Naturaleza, de modo de ponerse en perfecta armonía con el Universo. Lo que puede conseguirse con la no-violencia es ilimitado, pues la Naturaleza no conoce límites.

¿Por qué practicar AIKIDO?

AIKIDO es un arte marcial donde la competencia es siempre con uno mismo venciendo las propias falencias y creencias limitantes que impiden nuestro mejoramiento como seres humanos. Sus prácticas son aptas para distintas edades pudiendo ser realizado por niños, mujeres y personas adultas.

Visto así, el AIKIDO se convierte en un Arte de autodisciplina en el que las técnicas no son más que el medio para conocer nuestras limitaciones, mejorar nuestras facultades físicas y psíquicas y pulir nuestro “yo”.

Todas las técnicas de AIKIDO han sido formuladas con el objetivo de defenderse y por ello carecen de ataques, ya que iniciar una agresión viola las leyes del Cosmos. En el entrenamiento cotidiano del Dojo se realizan los ejercicios correspondientes a cada técnica partiendo del acuerdo mutuo entre los compañeros fomentando de esa forma la solidaridad y la colaboración en un clima que combina la alegría con la responsabilidad.

Esta disciplina marcial contribuye a establecer un sólido equilibrio psicosomático, favorece la elasticidad de las articulaciones y desarrolla los reflejos y la agilidad hasta el límite de cada persona.

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